en un pueblo donde el sol entraba a las casas saltando tapiales y despertaba a sus habitantes haciéndoles cosquillas en los pies nació un niño con cabeza de armario este hecho conmocionó a la comunidad el niño se convirtió en escándalo y fue necesario exhibirle en la plaza más grande del pueblo para evitar amontonamientos de carros y mulas que llegaban de todas partes del país transportando sacerdotes científicos ancianos y militares solo para verle dormir con una puerta del armario cerrada y la otra abierta cuando lloraba escuchar el insistente traquetear de sus cajones hasta que colocaran en su interior una botella de leche el niño creció y se le fue haciendo más difícil llevar la cabeza sobre los hombros no podía subir a los buses ni lanzarse a la piscina con sus amigos tampoco jugar de arquero en el equipo del pueblo pero descubrió que no necesitaba ir al colegio o a la universidad porque con solo depositar los libros de cualquier tema en su cabeza obtenía la sabiduría de un erudito en la materia lo que le convirtió en el cráneo más pesado de la humanidad llegando a poseer en su memoria cerca de cien mil títulos que abarcaban desde magia negra hasta “diseño y construcción de ciudades espaciales” asimismo se había creado una terrible dificultad su cabeza se desarrolló a tal grado que de armario pasó a ser una especie de bóveda con puertas de cementerio lo que le impidió salir de su cuarto de estudio por el resto de sus días.
rabito
estaré silencioso estos días como cuando murió mi primera mascota no fumaré ni saldré a caminar por el bosque de ushimana tampoco quiero que venga el félix a conversar del gobierno de los últimos sucesos necesito estar solitario para detenerme a meditar como esos monjes de los himalayas que se pasaron la vida queriendo desentrañar los misterios de Aqiev y aunque no soy ducho en hacer poemas pensaré acerca de uno que te haga inmortal utilizaré ¡guauu! tu palabra favorita le pondré música de rondas infantiles un hueso de azúcar al final de cada estrofa y al tercer día llegaré a la tumba donde hoy duermes y lo leeré como cuando leía a breton mientras vos te revolcabas sobre mi cama pero si ese momento se te ocurre lo mismo que al rey de los judíos ¡guauu! —te diré —¿eres de esta vida o de la otra?— seguramente contestarás moviendo el rabo incitándote a que te persiga morderás los cordones de mis zapatillas entonces empezaré a corretearte hasta que nos vayamos esfumando en medio de un campo lleno de girasoles.
¡oh! muerte de pequeños senos de oro
haré un pacto con el diablo o con cualquiera que posea las llaves de la muerte para entrar y vivir en ella como si fuese oráculo de la existencia irrumpir en sus calles sordas con paso firme sin el temor de estar siniestramente vivo observar las casas hechas de hueso con pequeños techos de zafiro visitar los parques habitados por árboles de coral en los que anidan murciélagos de alas verdes y cuando en alguna plaza adoquinada de amatistas te halle realizando mítines contra el alto costo de la muerte dirigiendo una marcha enorme de esqueletos o construyendo la organización en los sectores populares de Aqiev me voy a unir a tu lucha convencido de que los labios se juntan al pronunciar la palabra paz porque así como estoy me siento un testigo añejo de esta epidemia que nos convierte en cadáveres y sin embargo me niego a combatirla de la manera que vos la enfrentaste tal vez por miedo a los ataúdes o simplemente dejo pasar a la muerte repicando su redoblante como cuando al detestable se le abre las puertas para que se vaya con su música a otro lado ¡oh! muerte de pequeños senos de oro si así no va a ser mi partida socorre por lo menos a mis poemas y con este lenguaje eunuco practica los ritos fúnebres del durazno y de la fruta que tiene antigua dinastía roja igual que las huellas de la tortura en el cuerpo del capturado ¿cerraré este pacto? ¿entregaré mi propia vida? por demostrar que el puñado de corceles que se han juntado para restituir nuestro ejemplo más combativo del pasado no son soñadores de lunas de queso ni bichos con ojos de medusa solo entonces creeré que tu joven esqueleto de bronce podrá descansar como el hombre que se ha sentado a la orilla del río y ha metido sus pies en el agua.
el esqueleto del tiempo
Aqiev está más allá de los letreros luminosos del cementerio en los parques de asientos húmedos acurrucado bajo las patas de la cama es el escarabajo que de noche hace ruido en la puerta sin embargo no diré a nadie son demasiados para descubrir que cada uno sostenga su alegría que se corroe en la abertura de las tardes ahora yo me iré a caminar y escribiré con ustedes una leyenda porque dentro de su espíritu hay una piedra para sepultarlos seguiré abriendo tumbas hasta encontrar el esqueleto del tiempo la muerte es larga como los caminos deben quitarse el saco y plantar sus vidas en la maceta igual al hombre que dibujó un bisonte para adornar su morada miren los rieles ellos nunca se juntan sus sueños son diferentes a la mueca dulce de los niños que depositaron sus cuerpos en Aqiev.
perro que aúlla
He descubierto los caminos y colores de la muerte he estado con viracocha en las fiestas del inti-raymi cuando cinco encantadoras doncellas entregaban sus vidas honrosamente a su dios he bebido ayahuasca con los indios del oriente y participado en la caza del caimán entiendo que la vida es extraordinariamente esto por lo que guardé el tiempo y el espacio en una cajita de pandora y me convertí en un fantasma que vive en las queseras del medio Nº 4-44 llega por las noches a hurgar el refrigerador a la hora de las brujas entra en tu habitación atravesando las paredes hace que en el estéreo suene la música de jota jota y te llama como la caja ronca despiertas con la sonrisa por el suelo le dices que no crees en los fantasmas porque has leído todo lo escrito acerca del vudú entonces te habla desde las cuatro esquinas del dormitorio y vos lo intentas callar diciéndole “borracho sin remedio” pero cuando lo abrazas para llevarlo a dormir desaparece de tus brazos angustiada comprendes que es una pesadilla porque la luna está en cuarto menguante y oqpo es un perro que aúlla sales a abrir la puerta de calle pero te ha dejado para siempre.
muchacho de corazón amarillo
me imaginas durmiendo entre tus cartas recordando la lujuriosa ruta de nuestros orgasmos desnudo y prendido de tu cuello haciéndote revelaciones para que me digas que crees en la felicidad si estoy atado a tu cuerpo nutriéndome de tus pechos como rómulo y remo muchas gracias de veras pero ya no soy el muchacho de corazón amarillo mirando confundido la sombra de tus nalgas en las fiestas esa frágil marioneta que se movía a media noche por la cocina llevándote café en la tetera blanca ni siquiera soy el vagabundo que te escribía poemas en las puertas de los baños públicos nunca más seré una patata frita en la sartén de mi suegra aunque para ella no deje de ser el ebrio atropellado por la húmeda luz de un camión ahora estoy sufriendo la magnificencia de la gracia del señor vivo al margen a la orilla de tu sed en Aqiev esa región invisible de la muerte donde apolo y afrodita son perfectamente humanos donde la lluvia se quiebra en los siete colores del sol y las mujeres se tienden en las riberas como si nunca hubieran pertenecido a estas cuevas o avenidas.
el exdifunto
revisaré los periódicos hasta encontrarme en alguna crónica roja porque desde esa maldita tarde no transcurro y he cedido al enjuiciamiento de los otros como si ejecutaran la ceremonia de la luna llena
esta muerte agrupa el odio de mis enemigos de la misma manera que un alacrán hunde sus tenazas en la mano de un niño su sombra es suprema como el sol en la fotosíntesis sé que estoy en un ataúd tapizado de terciopelo con las manos en el corazón como cuando se duerme y se tiene pesadillas ya no hará falta que ande contando las piedras de la calle ni siquiera que me detenga junto a los charlatanes mis conceptos han caído conmigo en esta tumba y solo Aqiev sabe que yo existo como la hiena sin cría que acecha al raptor hasta que duerma esta muerte me ha despoemizado pero ha abierto otro espacio donde una bruja ingresa verticalmente y cae sobre esta página reivindicando mi teoría del encanto.
____________________ Edwin Madrid (Quito, Ecuador, 1961). Poeta, ensayista y editor. Premio Casa de América de Poesía Americana, España, 2004. Lleva publicados varios libros de poesía entre los que se cuentan: Mordiendo el frío y otros poemas (Cuba, 2009), La búsqueda incesante (México, 2006), Lactitud cero° (Colombia, 2005), Mordiendo el frío (España, 2004), Puertas abiertas (Líbano, 2002), Open Doors (U.S.A., 2000), Tentación del otro (Quito, 1995), Caballos e iguanas (Quito, 1993), Celebriedad (Quito, 1990), ¡Oh! Muerte de pequeños senos de oro (Quito, 1987). Ha sido traducido al inglés, al árabe, al portugués y al alemán. Dirige la Colección de poesía Ediciones de la línea imaginaria. Ha editado la Obra poética completa, español/ inglés de Jorge Carrera Andrade (2003), la Antología la poesía del Siglo XX en Ecuador (Madrid, 2007). Actualmente dirige los Talleres Literarios de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) sede Ecuador.